Como nacio Cuaderno Literario.
De la idea al papel

"Donde la literatura da cuerda al tiempo"

Consejo Editor: 

                            Myriam Lautova   (Directora General)

                            Arthur Charlan     (Editor)

                            Arthur Habbanan (Redacción)

                            William Perkins    (Redacción)

                            Sofia Umbrel        (Redacción)                   

El nacimiento de Cuaderno Literario
 

Miryam Lautova (Dirección general)

Han pasado ya unos cuantos inviernos desde aquella cena en Nueva York, y todavía puedo cerrar los ojos y sentir el calor de las velas, el rumor de la música lejana, y el peso dulce del vino deslizándose por la copa. La memoria tiene esa extraña manera de fijarse en los detalles: el sonido de la nieve al golpear contra los ventanales, la madera oscura del suelo que crujía bajo los pasos del camarero, la sonrisa cómplice que cruzamos Arthur Charlan y yo cuando William Perkins comenzó a hablar de las viejas revistas literarias que habían marcado su juventud.

La ciudad, esa noche, parecía envuelta en una especie de penumbra blanca. Había nevado durante todo el día, y las calles estaban silenciosas, apenas transitadas. Manhattan, con su ruido perpetuo, parecía por unas horas haberse rendido al invierno. Recuerdo que al llegar al restaurante —uno de esos rincones escondidos, casi secretos, en el Midtown— tuve la impresión de entrar en otro tiempo. Las lámparas de cristal opaco colgaban bajas, arrojando una luz dorada y tenue; las mesas, separadas por biombos de madera labrada, invitaban al recogimiento. El lugar estaba impregnado de ese aire que solo poseen los restaurantes con historia: una mezcla de vino, madera y conversación antigua.

Nos habíamos reunido allí los mismos que, tiempo atrás, habíamos soñado y fundado Editions Global Essay: William Perkins, periodista de mirada inquieta; Arthur Habbanan, el historiador sereno; Arthur Charlan, teólogo, escritor, ensayista, poeta y consejero; y yo, librera por vocación y licenciada en humanidades. Aquella noche también nos acompañaba Sofía Umbrel, crítico de arte y traductora literaria, cuya sensibilidad parecía otorgar siempre un matiz nuevo a cada diálogo. Y todo por la sugerencia de William de crear Cuaderno Literario en la librería que regento.

Pedimos vino tinto, un Burdeos que el camarero recomendó con una inclinación ceremoniosa. Mientras lo servían, William apoyó los codos en la mesa y comenzó a hablar de las revistas literarias de antaño. Su voz se encendía con la pasión de quien sabe que las palabras no mueren si alguien las sostiene.

—Lo que echo de menos —dijo, moviendo la copa lentamente— son esas páginas donde convivían un poema y un ensayo, un relato y una reflexión política. Revistas que eran como hogares temporales para escritores y lectores. Ahora todo es rápido, inmediato, casi efímero.

Sofía sonrió, con ese aire grave que la caracteriza:

—Las revistas eran ventanas. A veces descubríamos un autor desconocido, otras nos asomábamos a un debate que jamás habríamos hallado en los libros. Yo aprendí a leer el arte en esas páginas.

El vino comenzaba a hacer efecto, y la conversación se volvió más íntima. Arthur Habbanan, siempre pausado, intervino entonces:

—Los libros construyen una casa sólida, pero las revistas son las ventanas abiertas de esa casa. Dejan entrar aire, luz, voces distintas. Son lo inmediato que se sostiene en lo eterno.

Yo jugueteaba con el borde de mi copa, escuchando. Arthur Charlan, con su voz profunda, añadió:

—Quizá lo que necesitamos es precisamente eso: un lugar donde lo clásico dialogue con lo contemporáneo. Una revista que no imite el ruido de lo actual, pero tampoco se encierre en un pasado intocable.

El silencio se hizo breve pero denso. Afuera, la nieve seguía cayendo. El pianista, en un rincón, dejó escapar una melodía suave, apenas un murmullo de notas que parecía acompañar nuestra conversación. Y en ese instante supe que lo que allí nacía no era un comentario pasajero: era una decisión que flotaba sobre la mesa, esperando ser pronunciada.

—Entonces —dije, levantando mi copa—, que no sea una idea de sobremesa. Brindemos porque esta revista, de la que hablamos como si ya existiera, se convierta en un hecho.

Las velas titilaron en ese momento, y las copas se encontraron en un gesto solemne y alegre. Sofía nos miró a todos, y con una media sonrisa sentenció:

—Ya está hecho. Una vez que se brinda, la palabra se vuelve destino.

La cena siguió entre risas y confidencias. Recuerdo que pedimos un estofado que aún hoy evoco con ternura, más por lo que significó que por su sabor. El vino continuó llenando las copas, y cada sorbo parecía abrir una nueva idea. Hablamos de secciones, de voces que querríamos invitar, de la necesidad de un consejo editorial que marcara la línea en cada número, para no dispersarnos en la marea de publicaciones efímeras que inundan el presente.

Arthur Charlan insistió en algo que nos marcó profundamente:

—Lo que no podemos permitir es caer en lo mismo que criticamos: esas editoriales o revistas fantasma que se alimentan del ansia de publicar y dejan a los escritores mendigando espacio. Nuestra revista debe ser un refugio, no un escaparate barato.

Asentimos todos, con la seriedad que otorga el vino cuando se mezcla con convicción. Esa noche quedó grabada en mí como una promesa: Cuaderno Literario no sería una revista más, sino un lugar de encuentro, un ágora donde la poesía, el ensayo y el relato convivieran con dignidad. Hoy, tres años después, esa promesa se ha hecho carne en cada número. El consejo editorial —formado por nosotros, los fundadores, junto a Sofía Umbrel— vela por la línea de cada entrega, cuidando que la seriedad, la hondura y la honestidad de la palabra sean el eje de todo lo publicado. En sus páginas viven las secciones que imaginamos en aquella cena: Artículos, Revistas, Ensayos, Relatos, Certámenes, Ágora Poética, Entrevistas. Cada una es como un plato de aquella mesa, distinto pero complementario, servido con la misma intención de alimentar el espíritu. 

A veces, cuando recibo un nuevo manuscrito para la revista, recuerdo el crujido de la madera bajo los pasos del camarero, la música tenue del piano, la voz de William evocando las viejas publicaciones que tanto amaba. Y me doy cuenta de que lo que nació en esa cena no fue solo una revista: fue un pacto de amistad, de amor por la palabra y de resistencia contra lo efímero. La ciudad sigue siendo la misma: ruidosa, vertiginosa, inabarcable. Pero sé que, en algún rincón de Manhattan, el restaurante de aquella noche continúa abierto, con sus lámparas bajas y sus mesas de madera. Y me gusta pensar que, entre sus muros, aún resuena el eco de nuestro brindis. Porque allí, entre vino y confidencias, nació Cuaderno Literario. Y cada número que hoy publicamos es, de alguna manera, un regreso a esa mesa, a esa noche de invierno donde decidimos que la literatura debía tener no solo casa —la editorial—, sino también ventanas abiertas al mundo: nuestra revista.

Ediciones 
Global Essay 

“El espíritu de Global Essay nace del mismo romanticismo que inspiró aquella correspondencia entre una escritora neoyorquina y un librero londinense, inmortalizada en la película 84 Charing Cross Road. Como ellos, creemos que la literatura no necesita un lugar físico: basta la palabra impresa, la carta, el correo electrónico hoy en día, para crear un hogar común donde se encuentran las almas lectoras.”

Historia de Ediciones Global Essay  (2018)

La literatura no necesita más morada que el propio libro

En el corazón de Nueva York, en una pequeña librería de la Calle 43, nació Editions Global Essay con el espíritu romántico que evoca la correspondencia entre Helene Hanff y Frank Doel en "84 Charing Cross Road". Nuestra editorial surge del amor profundo por los libros y la convicción de que la literatura trasciende fronteras y épocas.

Fundada por un grupo de apasionados de las letras —periodistas, libreros, historiadores y teólogos— nuestra misión es preservar y promover la tradición literaria clásica mientras abrimos nuestras páginas a las voces contemporáneas que mantienen vivo el espíritu de la gran literatura. En un mundo dominado por las editoriales fantasma y piratas, Editions Global Essay se erige como un bastión de honestidad editorial, apostando por la calidad, la profundidad y el respeto hacia autores y lectores. Creemos que cada libro es un universo y cada página, una invitación al diálogo eterno entre el pensamiento y la belleza.

Nuestro sello editorial abraza tanto el ensayo reflexivo como la narrativa, la poesía y la crítica cultural, manteniendo siempre la excelencia como norte y la pasión por las letras como motor. Ahora bien, la historia de Editions Global Essay comenzó en un encuentro distendido en la librería de Miryam Lautova, situada en la Calle 43 de Nueva York. Allí, entre estanterías repletas de libros y el aroma de un café compartido, se reunieron cuatro amigos unidos por la vocación de la palabra: William Perkins, periodista; Miryam Lautova, librera y licenciada en humanidades; Arthur Habbanan, doctor en historia clásica y contemporánea; y Arthur Charlan, teólogo, escritor, ensayista y consejero en teología práctica.

Fue William Perkins quien, en medio de la conversación, sugirió la gran idea. De esa propuesta sencilla nació algo mayor: la idea de levantar una editorial, discreta y sin necesidad de sede física, que recogiera la herencia de aquellas casas antiguas cuyo prestigio se sustentaba únicamente en sus publicaciones y en la correspondencia con sus autores. Así vio la luz Editions Global Essay, un sello nacido en Nueva York pero abierto al mundo, que entiende la literatura como un puente entre generaciones y culturas.

La inspiración inmediata vino de la memoria de 84 Charing Cross Road, la película protagonizada por Anthony Hopkins que narra la amistad epistolar entre una escritora neoyorquina y un librero londinense. Esa misma mezcla de intimidad, distancia y pasión por los libros se convirtió en el espíritu fundacional de la editorial.

Desde sus inicios, Editions Global Essay ha querido diferenciarse de la proliferación de editoriales fantasma o piratas que, aunque legales en su apariencia, se aprovechan de la ilusión de los escritores para hacerles pagar por publicar, reduciendo el noble oficio editorial a un negocio de promesas vacías. Frente a ese modelo que mendiga la obra de los autores, nuestra editorial se alza como una alternativa sincera, nacida del afecto por la literatura, la amistad y la convicción de que un libro merece existir por su valor intrínseco y no por un contrato de imprenta disfrazado de legitimidad.

Hoy, Editions Global Essay continúa esa tradición romántica y universal publicando libros a través de la impresión bajo demanda, y ampliando su labor con un nuevo proyecto: la Revista Literaria Cuaderno Literario. Esta publicación, de corte clásico y con ecos de las antiguas revistas culturales, incorpora también voces contemporáneas, tejiendo un diálogo entre lo eterno y lo actual. En sus páginas conviven ensayo, poesía y reflexión, con la voluntad de mantener vivo el legado de la gran tradición literaria.

La editorial cuenta, además, con la colaboración de Sofía Umbrel, crítico de arte y traductora literaria, quien aporta una mirada crítica y sensible que enriquece cada obra publicada bajo este sello. Así nació y se sostiene Editions Global Essay: en la amistad, en el amor a la palabra impresa y en la certeza de que la literatura no necesita más morada que el libro mismo.

No mantenemos presencia en las redes sociales ni online, salvo la extrictamente necesaria entre nuestros autores (carácter interno) como tantas otras editoriales familiares. 

                                                                                                                                             Miryam Lautova (D.G.)

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